Sobrevivir no es lo mismo que estar bien. Acceso a la salud de mujeres en contextos de prostitución
- Fundación Serra Schönthal

- hace 5 días
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El sistema sanitario debería ser la primera línea de protección para las personas más vulnerables, pero para miles de mujeres en contextos de prostitución de todo el mundo es un muro. La evidencia científica más reciente y los testimonios de proyectos de atención en España, Portugal, Argentina, Colombia y Filipinas revelan determinantes sociales que limitan el autocuidado, barreras administrativas que excluyen, y un sistema que tiende a reducir la salud de estas mujeres a un único riesgo, ignorando todo lo demás.
La sala de espera está a rebosar. De personas, de luz, de olores, de un silencio roto exclusivamente por algún quejido, algún suspiro, la máquina expendedora y la megafonía anunciando el siguiente turno.
Una mano amiga recoge la tuya cuando intuye que necesitas contener el dolor. Esa misma mano amiga estaba a tu lado cuando, al llegar a la ventanilla de Admisión en Urgencias, te pidieron la documentación. "Solo tengo pasaporte", respondiste con un hilo de voz tembloroso. Llevas semanas con ese dolor. No es la primera vez que lo pospones.
La anestesia inconsciente de vivir sin sentir
Antes de llegar a la ventanilla de Urgencias, muchas mujeres en contextos de prostitución han pasado semanas, meses, a veces años, ignorando lo que sus cuerpos les dicen. Desde el proyecto de las hermanas Oblatas La Casita, en Canarias, describen que las mujeres desarrollan mecanismos de defensa frente al dolor físico y emocional, que son como una “anestesia inconsciente". Un recurso que inicialmente “protege, pero que termina siendo una trampa porque genera desatención de síntomas, falta de adherencia a tratamientos y, en muchos casos, el desarrollo de adicciones”.
En la mayoría de los casos las mujeres "tienden a omitir o minimizar señales de alerta, incluso cuando presentan molestias persistentes o dolores de alta intensidad", coincide el equipo del Centro Madre Antonia en Ibagué (Colombia). Se trata de "una estrategia de supervivencia en contextos estructurales de precariedad, donde el autocuidado se percibe como un lujo y no como una necesidad básica". Ir al médico implica perder el ingreso del día. Dejar a menores sin supervisión. Pagar el transporte. Enfrentarse a formularios y juicios.
La Organización Mundial de la Salud denomina determinantes sociales de la salud a las condiciones en las que una persona nace, crece, vive, trabaja y envejece. Y no son circunstancias individuales, sino políticas públicas, acceso a educación, empleo, vivienda, redes de apoyo, o situación migrante. El Informe Mundial sobre Determinantes Sociales de la Equidad en Salud publicado por la OMS en 2025 confirma que las desigualdades sanitarias se han agravado desde 2008. Para las mujeres en contextos de prostitución, los determinantes se acumulan en capas y las consecuencias se desbordan.El estigma como diagnóstico previo
A la anestesia individual se suma el fenómeno anticipatorio de discriminación, documentado en la literatura científica: hay mujeres que no acuden al médico para evitar el posible rechazo de los profesionales sanitarios, aunque no hayan experimentado experiencias negativas. El miedo a ser juzgadas se convierte en una barrera invisible que el sistema no ve, porque la mujer no aparece.
Las trabajadoras sociales de los proyectos de las hermanas Oblatas describen diversidad en el trato. En Portugal las experiencias son mayoritariamente neutras o positivas, pero casi siempre las mujeres ocultan su actividad “para evitar problemas”. En Filipinas, hay satisfacción con la Clínica de Higiene Social, pero también quejas porque “algunos médicos o enfermeras no realizan el procedimiento (pruebas ginecológicas) con delicadeza”. En España, el estigma aparece con más frecuencia en consultas de salud mental y sexual. En Colombia, el estigma es casi inmediato cuando se atiende a mujeres que viven con VIH. En Argentina, los proyectos informan de tanto de “trato respetuoso y buena disposición”, como de experiencias de “discriminación”.
“Toc toc, ¿se puede?” El acceso a la salud en España, Portugal, Colombia, Filipinas y Argentina
Las barreras se multiplican cuando la mujer es migrante en situación irregular. En España, entre el 80% y el 90% de las mujeres en situación de prostitución son de origen migrante. Aunque la atención sanitaria es formalmente universal, en la práctica la irregularidad ha estado restringiendo el acceso a urgencias, sin diagnósticos preventivos ni seguimiento. Desde el programa Al Alba, en Sevilla, denuncian que en el caso de mujeres en situación irregular “la atención sanitaria se limita a urgencias”, y que “algunos profesionales del sistema imponen barreras administrativas” que logran superarse “gracias al acompañamiento del equipo profesional del proyecto”. En Portugal, las dificultades con el idioma, o el copago que se exige dependiendo del estatus migratorio, limita el acceso a la salud.
En Colombia, el laberinto adopta otra forma. Un estudio realizado en el municipio de Manizales con 131 mujeres en contextos de prostitución reveló que el 84,7% estaba afiliada al sistema de salud, pero el 77,1% lo estaba al régimen subsidiado, el de menor cobertura, mientras que el 15% restante ni siqueira existía para el sistema. Desde el proyecto en Ibagué, lo confirman: “El acceso efectivo se ha vuelto más complejo debido a la sobrecarga del sistema, las barreras administrativas asociadas a la afiliación y las dificultades para acceder a especialidades. Para las mujeres migrantes, las dificultades se intensifican y la atención se puede llegar a limitar a situaciones de emergencia, interrumpiendo tratamientos y agravando patologías”.
En Filipinas, las mujeres que ejercen en bares, clubes nocturnos y spas están obligadas a ir dos veces al mes a la Clínica de Higiene Social del Departamento de Salud Municipal. El proyecto de las hermanas Oblatas complementa el servicio público con medicamentos, vitaminas y preservativos; y se convierte en apoyo fundamental para quienes quedan fuera del servicio público: aquellas que ejercen en la calle y evitan hacerse revisiones para evitar perder ingresos.
En Argentina, aunque la atención de emergencias es gratuita para todas las personas, el resto de servicios de salud es por copago para personas sin documento de residencia desde julio de 2025.
Una pregunta amable puede cambiarlo todo
Después de varias horas, anuncian tu código por megafonía. El personal médico es amable. Te pregunta con delicadeza qué te ha llevado a pedir ayuda y quiere saber cómo ayudarte. Te han aliviado el dolor y realizado algunas pruebas. Sin embargo, vas a necesitar volver a consulta y hacerte otras pruebas para entender mejor tus dolencias. Hay cosas para las que no tienen respuesta todavía. Alguna de la información que te han dicho no la has entendido bien, pero ya preguntarás a tus compañeras o a alguien de confianza qué significan.
La calidad del trato puede determinar si habrá una segunda visita, si se seguirá el tratamiento, si se expresará lo que realmente duele. Daniela sufre dolor pélvico crónico y acude con frecuencia a la unidad del dolor, a psicología, a medicina interna, a urología. Es mujer trans y está en contexto de prostitución. “Aunque no es obligatorio, yo sí quise explicar a qué me dedicaba y siempre recibí un trato adecuado”, explica. Aún así, pide al personal sanitario que provea "una atención sanitaria digna, especialmente para los colectivos vulnerables", y un mensaje para quienes conviven con dolor y enfermedades que no se ven y están infradiagnosticadas: “que no lo normalicen”.
La evidencia científica respalda que cuando las mujeres en contextos de prostitución perciben predisposición y respeto por parte del personal sanitario, aumenta el número de consultas por múltiples motivos. La atención a la salud de las mujeres en situación de prostitución se centra generalmente en la salud sexual y reproductiva, pero la atención sanitaria debe abarcar su salud de forma más amplia: cuerpo, mente y condiciones de vida.
Las enfermedades crónicas no relacionadas con la sexualidad quedan infradiagnosticadas, mientras que las condiciones de salud directamente vinculadas al contexto de prostitución (dolor pélvico crónico, infecciones urinarias recurrentes, lesiones vaginales, complicaciones de embarazos no deseados o forzados) tampoco siempre reciben la atención especializada que necesitan, explican desde el proyecto La Casita. Por eso, el Centro Puerta Abierta Recreando (Argentina), trabaja para "vincularse con el personal sanitario y sensibilizar sobre la problemática de la prostitución y así articular un acompañamiento integral".
Salud mental, la gran olvidada
En Sevilla, las trabajadoras del Programa Al Alba observan cómo la falta de atención a estados de ansiedad o depresión se normaliza, "ya sea por miedo al juicio social o por la falta de tiempo y recursos para el autocuidado". En Portugal, y Sevilla los equipos de los proyectos confirman que la salud mental "está a la cola de las prioridades", aunque es desde ahí donde se acumula el mayor daño.
El 59,5% de las mujeres encuestadas en el estudio de Manizales había sentido tristeza en los dos días previos al estudio. El 26,7% había experimentado deseos de morir. El proyecto en Ibagué confirma que el autocuidado en salud mental se percibe como un “lujo” que no cabe en el presupuesto.
La discontinuidad en el seguimiento psicológico y psiquiátrico es uno de los problemas más mencionados en todos los proyectos. Los sistemas públicos están desbordados. Los tiempos de espera son largos. Los tratamientos son caros. Y las mujeres, mientras tanto, siguen ejerciendo. En Argentina, señalan que "muchos de los padecimientos son de origen psicológico, que necesitan un abordaje específico y prolongado que no se produce”.
El puente de las entidades sociales
Cuando el sistema sanitario falla, cuando las barreras son demasiadas y la anestesia inconsciente hace su trabajo, los proyectos de entidades sociales como los de las Hermanas Oblatas se convierten en un puente entre estas mujeres y la atención que merecen.
En Argentina, trabajadoras y voluntarias de La Casita buscan turnos en hospitales públicos, acompañan presencialmente las consultas, organizan la administración de medicación, gestionan recursos como gafas o tratamientos que las mujeres no podrían costear. En Sevilla, el equipo profesional acompaña al sistema sanitario y actúa como traductor no solo de idiomas, sino de derechos. En Portugal, la coordinación comunitaria con otros servicios de salud ha reducido significativamente las barreras de acceso a salud sexual y salud mental. En Colombia y Argentina, los espacios terapéuticos del Centro Madre Antonia y el Centro Puerta Abierta Recreando ofrecen tiempo, escucha, continuidad y ausencia de juicio.
El Informe Mundial de la OMS de 2025 señala que el acompañamiento comunitario y de organizaciones de la sociedad civil es un factor clave para tender puentes entre poblaciones excluidas y sistemas de salud. Cuando una mujer siente seguridad, se expresa mejor. Cuando se expresa mejor, el equipo médico puede hacer su trabajo.
Pero que estos proyectos existan no exime a los sistemas públicos de su responsabilidad.
Y mientras los sistemas se adaptan (si lo hacen), hay una mano amiga que te acompaña a la ventanilla de Urgencias. Que se sienta a tu lado en la sala de espera. Que te explica lo que el médico quiso decir con esas palabras que no entendiste. Que te recuerda, cada vez que hace falta, que tienes derecho a estar ahí tantas veces como lo necesites.



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